Días para el próximo año Santo

sábado, 26 de noviembre de 2016

El pajarito y la Virgen. (Leyenda del Txori).

ucedió en la ciudad de Puente la Reina, lugar en que confluyen los dos Caminos que vienen desde los Pirineos: el de Somport y el de Roncesvalles.
En el puente de los peregrinos, aquel que fue mandado edificar por la reina doña Mayor, esposa de Sancho III el Mayor, de Navarra, en un lugar de difícil acceso, había una imagen dela Virgen. En las fechas en que se celebraba algo importante para la propia ciudad o para el resto de Navarra llegaba un pajarillo que mojaba sus alitas en el río y con ellas lavaba la imagen y luego con el pico quitaba la restante porquería.
Puente la Reina 1834. En época de la primera guerra carlista, fui llamado una mañana por el Conde de Viamanuel, general del ejército isabelino, para acompañarle en su paseo matutino. Montamos en nuestros caballos y recorrimos las calles de la ciudad. Alaproximarnos al puente románico que da nombre a la localidad, observamos cómo una algarabía de lugareños reunidos miraba absorta la imagen de la Virgen del Puy.
Invadidos por la curiosidad, nos acercamos y descubrimos que la causa de tal admiración no era otra que la ilusión con la que el “pajarico” limpiaba el rostro de nuestra adorada Virgen. Resultaba todo un espectáculo observar cómo “el txori” recogía agua con su pico sin cesar y con la ayuda de sus alas quitaba con mimo las telarañas de la Virgen.
A punto estaba de unirme al inmenso júbilo de la gente, cuando escuché las estrepitosas carcajadas del conde burlándose del pájaro y de la admiración que le profesaba el pueblo. Ofendidos e indignados, los puentesinos le abuchearon y al sentir el desprecio del pueblo dio media vuelta y se alejó.
Observé que mi señor se encontraba encendido por la ira. Sin embargo, no podía dar crédito a lo que sucedió horas más tarde: el conde junto con algunos guardias, hicieron tronar sus cañones simulando que estábamos siendo atacados por el general Zumalacárregui. Al caer el sol, dio por terminada la farsa, que no había perseguido otro fin que la de vengarse de los puentesinos. Pero a pesar de sus artimañas, el conde no consiguió eliminar ni un ápice de la devoción popular.
Cuando dos semanas más tarde fue derrotado por las tropas de Zumalacárregui en las peñas de San Fausto y fusilado por las tropas tradicionalistas, los puentesinos convinieron que se trataba de un justo castigo del cielo por mofarse del querido “txori”.

La Canción de Roldán.

En torno al año 778, me encontraba yo, Carlomagno, aguardando la sumisión de  Zaragoza, con lo que no fue para mí una sorpresa recibir en mis dependencias a  emisarios del rey zaragozano Marsil, que portaban consigo un mensaje de paz.
Como respuesta, consagré a Ganelón la tarea de llegarse hasta Zaragoza para que  aceptara la propuesta de Marsil, y habiendo logrado nuestro objetivo, decidí que mi  ejército y yo mismo podíamos retornar a Francia.
Así dispuse que mi fiel Roldán ostentara el estandarte que le acreditaba como jefe de  la retaguardia mientras emprendíamos el regreso a nuestro añorado hogar.
Todo estaba en orden, hasta que un día mientras jugaba una partida al ajedrez, escuché el escalofriante sonido del olifante de mi querido Roldán. Me quedé paralizado pues supe al instante que algo horrible debía estar pasando, pero Ganelón me intentó disuadir haciéndome creer que nuestro osado Roldán estaría dedicándose a otros menesteres, como la caza, y que seguramente no necesitaría ayuda.
Las palabras de Ganelón no me tranquilizaron, y una fuerza en mi interior me llevó hacia el lugar donde debían encontrarse los caballeros de mi ejército. Al llegar al desfiladero de Roncesvalles, comprendí cuál había sido la causa de mi tormento, y allí encontré la tierra rociada con la sangre de mis pares, desolada y sembrada con sus cuerpos.
No podía entender lo que había ocurrido, pero una súbita sonrisa llena de malicia en el rostro de Ganelón me indicó que sin lugar a dudas, él estaba al tanto de cuanto allí había acaecido. Aquel detestable ser que quería ver muerto a su propio hijastro Roldán, había conspirado contra mí y se había aliado con Marsil. 
 Juré que devolvería diente por diente y consagré toda mi energía a perseguir  al ejército zaragozano hasta que logré destruirlo y Zaragoza cayó rendida a mis pies. En cuanto al despreciable Ganelón, sólo puedo decir que recibió lo que merecía y tras un justo juicio fue descuartizado en Aix.
Así fue cómo logré vengar la memoria de mi ejército. Y la historia quiso que todos estos eventos quedaran plasmados en la memoria popular; así se recuerdan en uno de los poemas épicos medievales más conocidos: “La Chanson de Roland” o “Cantar de Roldán”.

Una ruta de peregrinación a la sombra del Camino de Santiago

La Vía Francígena, que lleva de Canterbury a Roma, no es tan prestigiosa como el archiconocido Camino de Santiago. Esta ruta de peregrina...