Días para el próximo año Santo

viernes, 5 de febrero de 2016

El Camino que le parió

Sus padres se conocieron en Toulose y después de nueve meses de ruta Thomas nació en Santiago. Ahora, con 27 años, revive aquella peregrinación en burro
Los padres de Thomas comían de la música y dormían donde les dejaba el cura. Esta milenaria ruta, que vive un boom de extranjeros, «parece ahora una contrarreloj», lamenta el Hijo del Camino
Thomas Foullait estaba harto. Durante veintisiete años escuchó una historia en la que él era protagonista pero de la que realmente no participó. Ni un solo recuerdo personal, solo unas fotocopias ajadas que saca de su mochila con un punto de pudor. De lo que estaba harto Thomas era de que todo el mundo le considerase ‘el hijo del Camino’..

Sus padres, Yves Fouillat y Nadège Dussart, culminaron la Ruta Jacobea en 1988. La intención de su padre era llegar al Himalaya, pero cuando atravesaba el este de Europa, antes de la caída del Muro de Berlín, se dio la vuelta. Alguien le habló del Camino, por entonces casi olvidado, y su vida cambió. A la aventura se llevó acompañantes. Primero un burro, luego otro, después una cabra y finalmente una mujer. Cerca de Toulouse nació un amor que germinó, nueve meses después, en Santiago de Compostela. Allí llegaron como peregrinos auténticos, viviendo del Camino y de la música, y decidieron que en la capital gallega debía nacer, a los pocos días (el 3 de julio) Thomas Jacobo Noé, al que desde entonces se ha considerado el peregrino más joven del Camino.

La historia llenó páginas de periódico aquel verano gallego. «Se podía hacer un símil muy fácil con la historia de Jesucristo: la marcha, el burro, el nacimiento...», comenta. Y olvida decir que a sus padres, en la ruta, les llamaban María y José. «Hasta el arzobispo se reunió con ellos y les ofreció bautizarme, pero lo rechazaron», asegura el joven Foullait. Porque no se considera católico, sino «amante de la filosofía, tanto cristiana, como musulmana o judía...». Y, sobre todo, paladín de la libertad. «Soy un anarquista del amor», sentencia con seguridad, sin importarle que la frase suene cursi.

Veintisiete años después de ver el mundo junto al Obradoiro, el joven francés quiere vivir sus propias experiencias, sentir su Camino. «Desde que empecé a andar, el 31 de octubre en Toulouse, me he dado cuenta de que ya no me importa contar mi historia. Quiero ser el ‘hijo del Camino’ pero no por orgullo ni vanidad, sino por la espiritualidad».

Y no va solo. Thomas se ha convertido en el líder sin cargo de una curiosa caravana, que recuerda la que acompañaba a sus padres. La forman él, su perro Ulk, su asno Calimero, un carro y su nuevo amigo Santiago. Cada uno tiene su historia. La última es la que más divertida le parece a Thomas. «En Roncesvalles me encontré con Santiago, que es de Santiago de Compostela y vuelve a su casa. Yo no voy a mi hogar, pero sí a donde nací», indica en una especie de trabalenguas que corrobora su compañero de viaje, un joven de 18 años que ha dejado aparcado Segundo de Bachillerato para, alentado por su madre, abrirse al mundo, algo de lo que no se arrepiente cuando atravesando la calle Ruavieja de Logroño se acuerda de sus compañeros de pupitre. «Pobres infelices», dice con una sonrisa radiante.

La historia de Ulk explica todas las demás. El perro iba a ser el compañero de viaje de Thomas en su primer intento de hacer el Camino. Pero en Bargota (Navarra), hace unos años, cayó rendido por la edad y los kilómetros. «Volví a Francia y pensé en esperar a que muriera para retomar la idea de volver a Santiago», recuerda. «Pero lo que realmente deseaba era hacer el Camino junto a mi perro. Es una cuestión de responsabilidad, que es lo que falta actualmente en las personas», sentencia. Por eso ideó el carro y compró a Calimero, un joven asno dócil, tocado con una concha de peregrino, que se lanza a la carrera en cuanto ve el más mínimo desnivel. Desde el carro, Ulk controla todo y devora kilómetros recostado como un patricio romano en su silla de mano.

De moda en Alemania

Todo es tan especial en la historia de Thomas que parece caer en el tópico cuando sentencia que «el Camino cambia a la gente». Sin embargo, para él no lo es. «Creo que para cambiar el mundo hay que empezar por uno mismo y viajar así es una gran forma de hacerlo. Desde que marcho tengo más confianza en la vida y en la gente», relata antes de recordar «dos o tres experiencias malas, que no son nada comparadas con los centenares de buenas».

Cuando Thomas llegue a Santiago, se sumará a los miles de extranjeros que cada año culminan el Camino. En 2015 fueron 140.000 (el 53% del total) frente a los 122.000 españoles (47%). Esa es la tendencia. Cada vez hay más peregrinos extranjeros y menos nacionales. Y se ha notado, sobre todo, un incremento de alemanes, atraídos por el fenómeno literario ‘Bueno me largo’, ahora llevado al cine, en el que Hape Kerkeling, el humorista y presentador de televisión más famoso del país, relata sus aventuras como peregrino a Santiago. Más de cinco millones de germanos han comprado este ‘best seller’ y a muchos les ha entrado ganas de imitar a Kerkeling.

Pero volvamos al Camino del joven Thomas, peregrino con móvil pero sin GPS («solo un mapa») que no pone mala cara a ducharse con agua fría ni a dormir en una tienda al aire libre. «Vivir el día a día no tiene nada de malo», dice y añade: «Cuando sales a la calle te das cuenta de que la gente es maravillosa». Él regala sonrisas y también las recibe, aunque alguna anciana se asuste cuando lo ve rondando cerca de una iglesia y las fuerzas de seguridad le paren para identificar a tan extraña comitiva («solo para atravesar Pamplona hablamos con cuatro patrullas», recuerda).

Todo es muy diferente a esa ruta idealizada y pura por la que transitaron sus padres: «Ellos llegaban a un pueblo, hablaban con el cura, y dormían en la iglesia o les buscaba un alojamiento». Ahora, según Thomas, «el dinero manda». Los albergues, las rutas predeterminadas, el ambiente... En ocasiones el viaje se convierte en una dolorosa contrarreloj para unos peregrinos que más parecen turistas: «Nosotros no vamos cumpliendo objetivos, sino viviendo el Camino. Si nos gusta un sitio, nos quedamos un día o dos». Aunque también reconoce que la peregrinación «marca a fuego». «En Roncesvalles, de cada diez personas que comienzan el viaje hay nueve turistas y un auténtico peregrino. En Compostela ya hay diez peregrinos», sentencia.

Lo dice ‘el hijo del Camino’ al que, cuando le ofrecieron firmar en Suiza «un contrato fijo con un sueldo de 3.000 euros al mes decidió dejarlo todo. «¿Qué iba a hacer con ese dinero? ¿Tener un gran coche? ¿Cenar en buenos restaurantes? Dos tercios se los habría acabado dando a una ONG».

Su madre está emocionada

Ahora, su sueño es seguir hasta Compostela en un viaje más interior que físico en el que también le acompañará, durante unos días, su madre Nadège. «Está emocionada con la idea, quiere recuperar sus recuerdos», dice. Y es que la ruta, como escribía Kavafis, no es el polvo de las sendas ni la belleza de la meta: «Ítaca te brindó tan hermoso viaje./Sin ella no habrías emprendido el camino./Pero no tiene ya nada que darte». 

Entonces, tras admirar el Pórtico de la Gloria, Thomas seguirá hasta Finisterre. Ése es su objetivo final porque «los peregrinos llegaban a la costa antes de que existiese una motivación religiosa». Y, sentado junto al mar, aguardará el ocaso. «Para mí, ése es el símbolo del Camino de Santiago. El hombre frente al sol, que no representa más que sus demonios», reflexiona. Y después, el destino seguirá moviendo las cuerdas. Aunque Thomas y su novia (que en esta ocasión se ha quedado en Toulouse), tienen en mente un proyecto distinto y, cómo no, vinculado a la Ruta Jacobea: «Hemos pensado en crear una casa filosofal en el Camino, abierto a la espiritualidad de todas las religiones». Mientras el peregrino lo cuenta con emoción, Calimero trota libre por un parque de Logroño y empieza a ramonear. Todavía hay algunos que solo piensan con el estómago.

Fuente:  http://www.ideal.es

miércoles, 3 de febrero de 2016

Los coreanos peregrinan en enero

Desde hace seis años, este país asiático toma la ruta jacobea durante el invierno. Son sus vacaciones. Su imprudencia ha obligado a cerrar la etapa más dura, en Roncesvalles, hasta la primavera 


El Camino de Santiago bien podría llamarse en enero «el Camino de Corea del Sur». Una vez más —y van seis años— los ciudadanos de este país asiático lideran las estadísticas de la peregrinación jacobea entre los extranjeros. A lo largo del último mes, llegaron a Compostela 170 surcoreanos, el 13% del total, muy por encima de la siguiente nacionalidad, los italianos con 6,6%. En todo 2006, hace una década, terminaron su itinerario 84 personas originarias de Corea. En 2015, fueron 4.072. Detrás de este auge está el «best seller» en 2011 de su compatriota Kim Hyo Sun, que incluso grabó un reality show. El éxito de algunos libros o películas ha despertado este interés masivo por el Camino en diferentes lugares del mundo como Alemania o Estados Unidos.
En el caso de Corea del Sur, enero es elegido por coincidir con parte de sus vacaciones, que no siguen el patrón estival al que estamos acostumbrados en España. A contracorriente, se decantan por un mes con poca afluencia de peregrinos debido a las duras condiciones que impone el invierno. En 2007, Corea no aparecía en los registros de la Oficina del Peregrino en enero; en 2008 se anotaron 11 personas, 51 en 2009, 60 en 2010, 64 en 2011, 103 en 2012, 118 en 2013, 120 en 2014 y 202 en 2015.
No obstante, el recién concluido enero de 2016 es el enero con más caminantes de la historia, incluso por encima del Año Santo 2010. Ha finalizado con 1.307 «compostelas» entregadas por el santuario del Apóstol, el 55,6% de ellas a forasteros. En el último Xacobeo la cifra fue de 1.169. Entre las 51 naciones de procedencia, se cuela entre los diez primeros puestos China, en octavo lugar, dato a tener en cuenta para el futuro vistos los precedentes.


Aunque todos son bienvenidos en la Catedral compostelana, estos cambios de tendencias tan acentuados están obligando a las administraciones a replantarse algunos aspectos. Incluso para la Iglesia supone un desafío pastoral. El mayor contratiempo hasta ahora se ha vivido en Navarra, cuyo Gobierno Foral ha decidido este año cerrar por primera vez la etapa más dura del Camino, la que va desde Roncesvalles hasta Saint-Jean-Pied-de-Port, para evitar peligros derivados de la imprudencia y la osadía de los surcoreanos, que en muchas ocasiones se echan a andar por zonas montañosas sin la preparación ni la indumentaria adecuada.

Caso omiso a los consejos

De nada sirve la labor de asesoramiento que se intenta hacer desde la Asociación Coreana de Amigos del Camino que preside en Madrid Diego Yoon, y que sirve como primer contacto con el Camino antes de iniciar la marcha. Ya lo denunciaron en un reciente encuentro de asociaciones de amigos del Camino vecinos de Estella. Pese a las advertencias y consejos, incluso desde la Embajada de Corea en España, las continuas incidencias de peregrinos perdidos en medio de la nieve y el riesgo que su búsqueda representa para los equipos de rescate han propiciado esta drástica decisión, vigente entre el 1 de noviembre y el 31 de marzo. En ese periodo, habrá una vía alternativa.


Fuente: http://www.abc.es
 

Una ruta de peregrinación a la sombra del Camino de Santiago

La Vía Francígena, que lleva de Canterbury a Roma, no es tan prestigiosa como el archiconocido Camino de Santiago. Esta ruta de peregrina...