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martes, 19 de enero de 2016

La única tradición es llegar al sepulcro

Alrededor del Camino de Santiago se han creado innumerables supuestas «tradiciones» que, en realidad, de tradición no tienen absolutamente nada y solo son producto de la costumbre de las personas de imitar las acciones más o menos graciosas de otros. Para que quede claro, lo único realmente tradicional es recorrer el Camino y, si me apuran, postrarse ante el sepulcro del Apóstol. Todo lo demás, sencillamente sobra. Dejar piedras sobre mojones que marcan el sendero, escribir un poema o la dedicatoria a un familiar y a un amigo por el que se recorren miles de kilómetros en muros o piedras, pegar carteles en señales informativas, «robar» las placas kilométricas, colocar cruces en rejas o dejar banderas, lazos y botas en el punto exacto desde donde se ven las torres de la Catedral de Santiago ni son tradiciones de obligado cumplimiento ni supondrá la concesión de deseos. Ni tan siquiera traerán suerte al peregrino y, mucho menos, servirán para el perdón de los pecados. Todo es consecuencia de la masificación y tanto solo sirve para ensuciar el Camino. Prueba de que no es una tradición es que, todas estas extrañas modas, están fundamentalmente presentes en el Francés y prácticamente son inexistentes en los demás itinerarios.

Los responsables del mantenimiento del Camino de Santiago (Xunta de Galicia y Concello de Santiago) deberían tomar buena nota de estas conductas incívicas para poner medidas correctoras, que protejan y cuiden la imagen de la Ruta. Sin lugar a dudas, los responsables directos de la suciedad son los propios peregrinos, que debería ser el objeto de una campaña de sensibilización. Quién sabe, a lo mejor muchos de los que ensucian solo copian unas acciones convencidos de que forman parte de la tradición que rodea al Camino. Pero en cualquier caso, los responsables de Patrimonio son los que tienen que poner las medidas necesarias para corregir estos malos hábitos.

Hace algún tiempo, el grupo de Protección Civil de Santiago contaba con Manuel Martínez, un enamorado del Camino de Santiago que fue «retirado» del servicio con la llegada de Gerardo Conde Roa al Ayuntamiento. Martínez tenía grabado en su mente cada uno de sus metros y recorría varias veces a la semana todas las rutas anotando cada nueva incidencia para plantear soluciones. Algunos de los problemas ya eran resueltos en el momento, porque no requerían inversiones, sino solo buena voluntad. Quizás recuperar esta figura no vendría mal para erradicar las malas prácticas y, sobre todo, para evitar que a una piedra le suceda otra o que a una cruz le sigan veinte. No olvidemos que el Camino es la gallina de los huevos de oro de esta ciudad y, por extensión de toda Galicia, por lo que debería estar mimado por todos.