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lunes, 2 de marzo de 2015

Alberto Alba, el peregrino más rápido

Buena parte del tramo riojano del Camino de Santiago se llenó ayer de colores y apresurados peregrinos que no ansiaban visitar al Apóstol en Santiago de Compostela sino que limitaban su objetivo a otro de los hitos de la Ruta Jacobea, Santo Domingo de la Calzada. Estos peregrinos no cargaban mochilas ni calzaban botas, sino que sin equipaje y con un calzado muy ligero tomaron la salida en Nájera, a los pies de Santa María la Real para afrontar los poco más de 21 kilómetros que separan la que fuera cuna de los reyes de Navarra y Santo Domingo. 

Fueron más de un millar de atletas los que asistieron al pistoletazo de salida y se enfrentaron al Camino, como tantos otros, con la duda de qué les esperaba por delante. Probablemente ninguno vivió una gran experiencia espiritual ni hubo tiempo para redescubrirse, pero tampoco para toparse con el terreno embarrado, con incómodos charcos o con vendavales que enfriaran los ánimos y los cuerpos. Esta vez la climatología fue benévola. Eolo sopló durante el sábado para secar las humedades dejadas por el temporal de agua y nieve que azotó La Rioja durante las jornadas previas y las pistas por las que discurrió la carrera estaban secas, duras y en situación idónea para que los atletas ofrecieran el mejor de sus rendimiento. El termómetro se movió ayer entre los 13 y 15 grados (alguno más ya en Santo Domingo cuando apareció el sol).
Bajo esas circunstancias y con el San Lorenzo y el resto de picos menores de la Sierra de la Demanda -todos cubiertos de blanco- como testigos mudos, comenzó una de las carreras de fondo más atractivas de La Rioja. Para cuando el grupo dejó el casco urbano de la histórica Nájera, Juanjo Igarzábal ya estaba en cabeza. Este atleta vasco es un experto en la prueba (ganó las ediciones del 2011 y 2012) y quiso mostrar sus galones desde las primeras zancadas. Todos le respetaron. Le dejaron que asumiera la cabeza, pero ni Alberto Alba ni Lhoucin Nassiri le perdía de vista. Ambos peregrinaron juntos por el Camino, detrás de Igarzábal hasta que en el kilómetro 9 decidieron unirse a él. 

Los tres fueron consumiendo metros en campos de vides y alguno de cereal, todos ellos aún en fase de desarrollo muy incipiente. El San Lorenzo observaba la gesta desde la distancia y asistió atónito a cómo, en la parte más dura del circuito, cuando el terreno apuntaba al cielo en torno a Cirueña, el alavés Alberto Alba decidía peregrinar en solitario hacia la meta con una zancada poderosa alimentada este invierno en los crosses vascos como Amorebieta y Elgoibar donde sí que encontró un barro que no había en esta media maratón. 

Sonriente, y sabiéndose ganador serpenteó en los últimos metros por las calles de Santo Domingo para presentarse en la meta ubicada delante del Ayuntamiento, antiguo hospital para peregrinos. Él no necesitó de los cuidados de los hospitaleros, pero pudo recuperar las fuerzas con el pan (con chorizo) y el vino que le esperaba a todos los atletas. Detrás de él llegó Juanjo Igarzábal (Goierri) y un poco después Lhouchin Nassiri (Rioja Añares), el marroquí afincado en Logroño que hace años que ya se convirtió en un riojano más. 

Hubo que esperar un rato para encontrar a la primera fémina cruzar con alborozo la línea de meta. Lo hizo entre un goteo constante de varones, pero la burgalesa Rebeca Ruiz (19.30 Team) se hizo notar con una sonrisa que iluminó la plaza medieval calceatense al mismo tiempo que el sol hizo su aparición para quedarse de forma definitiva. Después, también en un anonimato roto por los aplausos de la grada cruzaron la meta las otras dos mujeres que subieron al podio Cristina Rozalén y Alba Palazón.

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