Días para el próximo año Santo

lunes, 28 de abril de 2014

Resumen del Domingo de Resurrección

El Domingo de Resurrección dio paso a la última de las procesiones en Alcalá de Henares, la de la Hermandad y Cofradía de Ntro. Padre Jesús Resucitado y Ntra. Sra. de la Salud y el Perpetuo Socorro.

La previsión del tiempo había anunciado bajada de temperaturas y amenaza de lluvia para este Domingo de Resurrección, pero al final el tiempo respetó la procesión y pudimos disfrutar de una temperatura perfecta y abundantes ratos de sol. Una mañana perfecta para presenciar el encuentro que se produjo entre la imagen de Nuestro Padre Jesús Resucitado y la de Ntra. Sra. de la Salud y el Perpetuo Socorro.

Lo más anecdótico de la Hermandad que las ha hecho relucir en esta soleada mañana de abril es que es muy reciente, fue fundada el ocho de abril del 2012. Y la mayoría de los fundadores son sanitarios que trabajan en las urgencias de la comunidad de Madrid, hermanados con bomberos, protección civil, policía local y nacional de la ciudad. En su conjunto representan al gremio de las emergencias de dicha ciudad.

Pasos:

Nuestro Padre Jesús Resucitado: 
Imagen donada por el Excelentísimo Ayunta­miento a la Junta de Cofradías de la Ciudad. La imagen de nuestro padre Jesús fue, hecha por los talleres Granda especialistas de arte sacro. Esta imagen ha sido cedida por la junta de cofradías a la nueva hermandad para su proce­sión y cultos

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Ntra. Sra. de la Salud y el Perpetuo Socorro: Imagen realizada por el imaginero Sevillano Dª SALVADOR MADROÑAL, realizada en ma­dera de cedro en el 2012 por encargo de la hermandad, los dos pasos son sacados a cos­tal por dos cuadrillas de hermanos.
Vestimenta: Habito y antifaz blanco, guantes del mismo color, cíngulo blanco y celeste, capa celeste en honor al voto concepcionista que la hermandad tiene hecho desde su fun­dación, calzado negro y medalla de la hermandad.

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El Camino de irás y volverás

En el otoño del año 2008 aún vivía en Santiago. Intrigado tras ver durante años los hinchados tobillos de tantos peregrinos de toda clase y condición decidí caminar hasta Fisterra para descubrir qué magia los atraía desde todos los rincones de la tierra. Sesentón ya, dos subidas al Pedroso fueron todo mi entrenamiento.

Yo ya conocía bien la Costa de la Muerte, tras haber investigado y narrado sus grandes naufragios decimonónicos. Caminar hacia ella, rebosante de las historias que conocía tan bien, enriquecía y sazonaba la visión del paisaje que me aguardaba tras coronar las alturas sobre Logoso y Hospital. Al sur el mítico Monte Pindo, a cuyo pie se había hundido el lujoso trasatlántico Great Liverpool en 1846, con el saqueo del paisanaje y el suicidio de su capitán. Al norte, Camariñas y el Cabo Vilán, con el drama del Serpent en 1890, el más recordado de los naufragios de esta costa, y al oeste, Fisterra, en cuyas profundas aguas yace el acorazado Captain desde 1870, con casi 500 hombres atrapados en su interior, el mayor cementerio submarino de Galicia. También rememoraba el viaje del insumergible George Borrow, don Jorgito el Inglés, en 1837, que con sus biblias protestantes se había librado de ser linchado por los habitantes de Fisterra gracias a la intervención del gigantesco Antonio de la Traba, El Valiente, que le contó que había visto morir a Nelson como grumete prisionero a bordo del Victory en Trafalgar. Y antes que el inmortal autor de La Biblia en España, las tristes escenas de la destrucción de Corcubión por las tropas del mariscal Ney en 1809, tal como las narró Basil Hall, oficial a bordo de la fragata inglesa Endymion, que se libró de milagro de ser capturada por los franceses. Conocer los dramas ocurridos en el paisaje que visitamos lo transforma y engrandece.

Mochila al hombro, a los cinco minutos de salir de casa rodeé la catedral: «Ya he terminado el Camino de Santiago, el cristiano -me dije para animarme-, ahora solo me queda llegar al mar, el camino pagano». Así comenzó mi nueva vida como peregrino y enamorado de estos tres o cuatro días que separan Compostela del cabo del fin del mundo. 

Hasta nueve veces lo he recorrido en su integridad, haciendo amistad con peregrinos, paisanos, hosteleros, cazadores, un anciano pastor de cabras surcado de arrugas bíblicas y algún que otro perro guardián. Y he caminado hasta las generosas comidas del Mesón de Alto do Vento, o hasta Negreira, ida y vuelta, en un sinfín de ocasiones más. 

De Ponte Maceira se puede decir que, ahora que he hecho el Camino francés desde Roncesvalles, es el cruce sobre un río más hermoso de todo el Camino, con permiso de Puente la Reina en Navarra. «Pasa río pasa, y enséñame a pasar» escribía Pessoa. Y al caminante le cuesta pasar y dejar el Tambre caudaloso en Ponte Maceira.

He llegado a Fisterra crucificado de ampollas las primeras veces, solo o acompañado de familiares, amigos ajedrecistas o antiguas compañeras de carrera de mis años irlandeses a las que no veía desde hace décadas. Bajo un sol deslumbrante o empapado por alguno de los peores temporales de estos años. Y siempre he deseado volver.

He conocido gentes: Zoe, la joven inglesa que había dormido una noche de ensueño en las alturas de Logoso bajo el viento y la lluvia en su andrajosa tienda de campaña, escuchando el hozar de los jabalíes alrededor; o el chaval húngaro que iba al fin del mundo sin dinero, confiando en la hospitalidad del Camino, para demostrarle a su chica que su amor era serio, pero que había descubierto en el trayecto que amaba realmente a otra; o la danesa que me confesó que en un arrebato de despecho había gritado con tal fuerza que la pantalla de su televisor reventó; y a amables gentes de la tierra como Antonio y su encantadora Casa de Logrosa; la parlanchina señora Concha de Ventosa; Pepe, el jovial dueño del Hotel Larry de Cee; Jose, alcalde fisterrán y gran conocedor de sus naufragios; o aquella mujer de una aldea casi deshabitada que, al ver que intentaba poner fin a su monólogo tremebundo en el que me narró todos los dramas del lugar, aliñados de incestos y violencias, me recriminó: «!No se vaya que aún no terminé!».

Juan Campos es escritor. Autor de la obra Náufragos de antaño, él ha sido uno de los grandes promotores del homenaje a los náufragos del Serpent, en particular, y a los náufragos de la Costa da Morte, en general, que cada noviembre, desde hace años, se tributa en el Cemiterio dos Ingleses camariñán.

San Juan organiza el camino a Santiago

El Ayuntamiento de San Juan del Puerto, a través de la Concejalía de Juventud, está organizando un viaje colectivo para hacer el camino de Santiago. La iniciativa, que está dirigida a personas de entre 15 y 45 años de edad, se desarrollará en seis días, en el periodo comprenido entre el 8 y el 13 de julio.

La salida hacia Santiago de Compostela será desde Sarria (Lugo). Es decir, se recorrerá una etapa a pie de unos cien kilómetros aproximadamente. En total, el coste del viaje para las personas empadronadas en San Juan del Puerto es de 172 euros (aunque también pueden inscribirse personas no empadronadas en el municipio por un precio algo mayor). Esta cuantía incluye desplazamiento, comidas y alojamiento.

Todas las personas interesadas pueden rellenar su inscripción en el centro sociocultural Jesús Quintero o en el departamento de Atención al Ciudadano del Ayuntamiento sanjuanero hasta el próximo 8 de junio (un mes antes de la salida programada).


Fuente: http://www.huelvainformacion.es/article/ocio/1760772/san/juan/organiza/camino/santiago.html

'Sor bicicleta', la monja más veloz del Camino de Santiago, conquista la Red

A toda máquina y concentrada en su objetivo. Así va la protagonista del último vídeo que ha enamorado a las redes. Se trata de una monja en...