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viernes, 8 de agosto de 2014

Una odisea en el Vaticano con el mejor final posible

"Fue un momento increíble, un milagro", señala Javier Pitillas desde la localidad italiana de Acquapendente, donde descansa junto a Gerardo Fernández, sordociego, tras completar la segunda etapa en su intento de realizar el Camino de Santiago desde Roma en un triciclo adaptado. Una aventura surgida por el empeño de Gerardo en conocer al Papa, algo que se hizo realidad el pasado miércoles tras superar una interminable sucesión de imprevistos.

El que algo quiere, algo le cuesta reza el refrán. Es lo que deben pensar Javier Pitillas y Gerardo Fernández de su aventura el pasado miércoles. Pitillas, sargento de la Policía Local de Vigo, lleva desde 2009 haciendo el Camino de Santiago junto a Gerardo Fernández, un chico sordociego de 37 años, en un triciclo tándem adaptado. La ilusión de Gerardo por conocer al Papa les llevó a plantearse a ambos realizar este año el Camino desde Roma, una aventura que tras mucho trabajo se pudo hacer realidad.

El pasado domingo, la expedición arrancaba en furgoneta con destino a la capital italiana, punto de inicio de la aventura el miércoles por la tarde. La mañana estaba reservada para una cita muy especial, la asistencia a la recepción que todos los miércoles ofrece el Papa Francisco bajo reserva previa. Con todos los trámites completados, todo parecía propicio para que Pitillas, su hermana Mari Mar y Gerardo acudiesen al Vaticano.

Sin embargo, ya el martes por la tarde la cosa comenzó a torcerse, como explica Javier Pitillas. "Llevábamos una carta gestionada por el Vaticano en la que decían que nos iban a poner en primera fila pero cuando fue mi hermana a recoger las invitaciones le dicen que no existen, que hay la recepción pero que no estamos en la lista", cuenta Pitillas, un momento en el que lo dieron casi todo por perdido.

Un guiño del destino, sin embargo, hizo retornar la esperanza. Mientras discutían con un miembro de la seguridad del Vaticano, a una señora de una familia argentina le es prohibido el paso a la Basílica de San Pedro por no llevar cubiertos los hombros. Mari Mar Pitillas se da cuenta y le ofrece su chaqueta, entablando una relación con la familia sudamericana clave en el feliz desenlace de la historia.

Tras haber escuchado la situación en la que estaban Javier, Mari Mar y Gerardo, los argentinos le proporcionaron un correo electrónico para tramitar la solicitud de poder estar en la recepción. A los pocos minutos de enviar el email, obtienen respuesta. "Nos contestan que estuviésemos al día siguiente en la Puerta de Santa Ana a las 8.30 de la mañana. Allí fuimos e hicimos cola con el grupo de argentinos hasta que llegamos al acceso, dimos el nombre y aparecíamos al final de la lista", explica Javier.

Una sensación de alivio recorrió el cuerpo de toda la expedición viguesa pero no todo estaba hecho. Colocados en primera fila de la sala Pablo VI, donde el Papa Francisco recibió a los asistentes, las horas iban cayendo mientras el Sumo Pontífice realizaba su predicación. "Gerardo estaba histérico", reconoce Javier Pitillas, que explica que tras la conclusión de la intervención del Papam éste se dirigió justo al extremo contrario de donde se encontraban, apareciendo de nuevo la tensión, que minutos después se evaporó.

"Vino a nuestro lado y fue pasando bendiciendo a todos", explica Pitillas. Cuando llegó a su altura, Gerardo le hizo entrega de una carta que había escrito y cuando parecía que el Papa iba a pasar de largo, Javier aprovechó la oportunidad y llegó el momento más emotivo del día y que Gerardo y sus compañeros recordarán toda la vida.

"Le metí la cuña de que era un chico sordociego que iba a hacer el Camino de Santiago desde Roma, fue una cosa muy rápida porque hay miles de personas esperando por él. Entonces se volvió otra vez, cogió las manos de Gerardo, juntó su cabeza con la del joven vigués y estuvo rezando durante un rato, fue un momento increíble", destaca Pitillas, que cuenta la emotiva reacción de su amigo: "En ese momento fue cuando me dijo: ¿Ahora me voy a curar las ojos y podré oír?"

Un sueño cumplido para Gerardo. "Está felicísimo, va por el aire, aun sigue emocionadísimo", reconoce Javier Pitillas. Sin duda, el mejor estímulo para iniciar la aventura del Camino desde Roma, que comenzó el miércoles por la tarde con una suave etapa de 20 kilómetros en el tándem adaptado, 50 kilómetros menos -que realizaron en furgoneta- de lo previsto por el cansancio de la extenuante jornada en el Vaticano. 

"Ver al Papa era lo primordial", admite Pitillas, el alma-máter del proyecto Discamino, como denominan a esta aventura de integración que se ha venido realizando desde 2009 y que el miércoles completó uno de sus capítulos más emocionantes y emotivos.

 

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