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lunes, 28 de julio de 2014

Un deseo y una promesa; El Camino de Santiago en memoria de los cristianos perseguidos en Irak

Por fin cumplí un deseo y una promesa que hice hace años “hacer la peregrinación en el Camino de Santiago, en memoria de mi comunidad cristiana, mi gente, mi familia, los cristianos perseguidos en mi país natal, Irak”.

Según la definición general, peregrino es alguien que hace un viaje a un lugar sagrado. Pero esta definición habla sólo de la acción exterior del peregrino. Pero hay una gran diferencia entre la acción exterior y la interior, que distingue el peregrino del turista.

El Camino de Santiago, con sus sombras y luces, ha hecho posible la comunicación entre todos los pueblos y culturas del mundo, echando brotes de esperanza con el paso de tantos peregrinos que cambian impresiones, se escuchan en el silencio del andar, comparten el pan y el vino de la amistad y levantan la voz de súplica al Dios Padre con promesas y peticiones.

Para muchos, incluso para las quince personas que fui con ellos, el Camino de Santiago es: deporte, reflexión, contemplación, fuerza, esperanza, turismo, reto personal. Además de todo eso, para mi el Camino de Santiago, es un Camino religioso, un camino a la espiritualidad, una ruta de Fe, es la búsqueda interior de uno mismo, un Camino para encontrarse y conocerse a sí mismo, es el primer paso de un Camino de desarrollo de conciencia hacia la trascendencia. De cinco a siete horas diarias caminando la mayoría del tiempo en silencio hace que uno vuelva a pensar, en busca de una transformación espiritual. Y ese diario ejercicio durante semanas, acompañado a veces, agotado otras, destrozado algunas, padecen accidentes, supuran ampollas sin las distracciones de la vida diaria, permiten que uno reflexione largamente sobre sus debilidades, sobre lo importante. En el Camino no hay clases sociales, se deja el egoísmo aparcado. Aunque se comparte el Camino con gentes de todo tipo y condición, ningún peregrino dejará de parar ante otro caminante que necesite ayuda. Tenemos creencias religiosas o no, todos somos hermanos y hagamos lo que necesario para ayudar a quien lo necesite.

Por fin, llegamos a Santiago el día 23 de Julio a medio día, después de doce días de caminar. Entramos en la plaza de la catedral, sentí una doble sensación opuesta, por una parte alegría por llegar y cumplir mi promesa y por otro lado tristeza, por la última etapa del camino y terminar esta experiencia única y sensacional. Nos incorporamos en la fila de la Catedral y en la presencia del Santo, me emocioné, recordando mi familia, mi gente, mi comunidad cristiana en Irak, especialmente en Mosul que están sufriendo la persecución y el genocidio a manos de los radicales islámicos. En este momento, lo primero que se presentó en mi cabeza, son las palabras de Nuestro Señor, en la Cruz, cuando Jesús clamó con voz fuerte, y dijo: “Éli, Éli, ¿lá•ma sa•baj•thá•ni?”, esto es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).

Abrace el Santo llorando y suplicando al único Dios verdadero:

Dios mío, Dios mío, ¿Donde estás? ¿Por qué has abandonado tu pueblo cristiano en Irak? ¿Por qué permites que estos salvajes, asesinos musulmanes persigan, mal tratan y matan tus fieles cristianos en Irak? Por favor, ayuda mi gente, mi comunidad cristiana, mi familia en Irak, sobre todo en Mosul, y líbralos del mal, de los demonios musulmanes.

Dios mío, Dios mío, la alternativa para los cristianos en Mosul, Irak, es el sometimiento o la huída. Si se quedan en sus casas y en su tierra deberán vivir como apestados y como esclavos en una sociedad islamista. Si se van, lo pierden todo. El dilema es perverso porque durante siglos los cristianos de Irak hemos construido una civilización y un patrimonio espiritual muy avanzado.

Dios mío, Dios mío, los últimos cristianos de Mosul han emprendido la huida de la segunda ciudad de Irak cumpliendo con el ultimátum lanzado por el Estado Islámico, los demonios que gobiernan la ciudad desde el pasado junio, rumbo a las localidades de la provincia de Nínive fuera del control del EIIL, unos de los refugios elegidos por los expulsados son AlQosh y Telsqef, mi pueblo de origen, unas aldeas cristianas a 45 kilómetros de Mosul, protegidas por el ejercito kurdo “peshmerga”, que se han convertido en el refugio de traumatizadas familias cristianas.

Dios mío, Dios mío, ayuda a las familias y sacerdotes en estas aldeas cristianas, AlQosh y Telsqef, que están trabajado codo con codo, ayudando y apoyando, de modo muy valiente al recibir a las familias huidas de Mosul.

Dios mío, Dios mío, tras dejar los cristianos a sus viviendas, los insurgentes suníes, los nuevos gobernantes de Mosul, garabatean en sus fachadas “la letra N-ن, en árabe, quiere decir, Nasrani” una palabra usada para referirse a los cristianos, término aplicado a Cristo en (Mateo 2:23) “y vino y moró en una ciudad de nombre Nazaret, para que se cumpliera lo que se habló por medio de los profetas: Será llamado Nazareno” la aldea paterna de Jesús.

Dios mío, Dios mío, soy cristiano, soy nazareno y llevo la letra N-ن en mi corazón y mi mente con mucha honra y orgullo.

Dios mío, Dios mío, ¿Cómo puede la gente verse obligada en el siglo XXI a abandonar sus casas sólo porque son cristianos? Las familias cristianas han sido expulsadas de sus casas y sus objetos de valor fueron robados en nombre del Islam y los musulmanes.

Dios mío, Dios mío, hablando con el Arzobispo caldeo de Mosul (Irak), Monseñor Amel Shamos Nona, cuyo obispado fue incendiado, avisó “que todos los cristianos del país están siendo víctimas de un genocidio religioso, los cristianos son sacrificados en Irak, es un crimen contra la humanidad, por parte de los extremistas musulmanes, nuestra comunidad, los cristianos de todo Irak tienen mucho miedo y con razón, no saben que futuro les esperan. El Estado iraquí es débil y está dividido y los líderes musulmanes están en silencio. Desde el 2003 hasta hoy, existe esta situación terrible de persecución, por esto hay tanto miedo como coraje”.

Dios mío, Dios mío, las palabras del Papa Francisco, nos dan fuerza y ánimo, afirmó que “El mal del mundo no viene de Dios sino de su enemigo el Maligno, la violencia no se vence con la violencia, se vence con la paz”. Además, muchos cristianos en el mundo, muestren su solidaridad con acciones concretas. También, el Secretario General de la ONU, Ban condenó la persecución cristiana en Irak por el Estado Islámico y los grupos armados asociados.

Dios mío, Dios mío, no aceptó permanecer en silencio frente a la violencia en contra de mi gente, mi comunidad, mi familia, los cristianos de Irak, obligados a decidir entre la conversión al Islam, el pago de la “Yizya, impuesto islámico para los no musulmanes” o la fuga. Cualquier ataque sistemático contra la población civil a causa de su origen étnico, creencias religiosas o su fe es un crimen contra la humanidad, es un genocidio con toda regla, por el que los responsables deben rendir cuentas.

Dios mío, Dios mío, hemos escuchado tantas declaraciones, tantas llamadas, pero queremos más: por todo ello, ruego a la comunidad internacional, todo el mundo debe actuar, el Vaticano, la ONU, EE.UU. Europa, etc. a encontrar una salida y sobre todo para la ciudad de Mosul, donde hay un patrimonio de Iglesias y manuscritos importantísimos para nuestra historia, patrimonio de toda la humanidad, a tener en cuenta la seguridad y los derechos humanos de los cristianos en Irak, que todos los cristianos en todo el mundo muestren su solidaridad, sin tener miedo de hablar de esta tragedia.

El Camino de Santiago no termina en Santiago de Compostela, es un Camino espiritual dura toda una vida.


Raad Salam Naaman
Cristiano católico caldeo de origen iraquí

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