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viernes, 21 de febrero de 2014

CAMINO DE SANTIAGO

La principal ruta de los peregrinos a Santiago atraviesa el cuadrante norte de la península desde la localidad francesa de Saint Jead de Pied de Port. Ya en el siglo XII, el Códice Calixtino que, actualmente se conserva en la Catedral de Santiago de Compostela, recoge una Guía del Peregrino en la cual se describían las principales etapas de la ruta. El Códice habla sobre pueblos, ríos, gentes e incluso cuerpos de santos y mártires que se veneran en las iglesias del Camino.

En ocho siglos, el paisaje atravesado por la ruta jacobea ha experimentado grandes cambios, pero muchos de sus pueblos y parajes naturales apenas difieren de aquellos que conoció el anónimo autor de la guía medieval. Lo mismo cabe decir de la intención de muchas de las personas que recorren la ruta, que no sólo constituye una revelación desde el punto de vista cultural y gastronómico (turístico, en definitiva) sino que para muchos atesora un profundo significado espiritual

El Camino Francés penetra en la provincia de Lugo, procedente de la comarca leonesa de El Bierzo por un pórtico privilegiado: el poblado de O Cebreiro. Es el final de una ascensión de siete kilómetros. Desde allí, a 1.300 metros de altitud, se contempla una fantástica vista del macizo galaicoleonés.

O Cebreiro está magníficamente restaurado. El visitante disfrutará de sus callejas de sabor antiguo, las casas de piedra y las pallozas, milenarias viviendas prerromanas. Una de ellas alberga un interesante museo etnográfico.

El patrimonio monumental tiene como joya destacada la Iglesia de Santa María la Real. En su interior se venera a imagen de esta Virgen, una hermosa talla del siglo XII. Junto al templo se encuentra la hospedería de San Giraldo de Aurillac. En el pueblo hay varios mesones y tiendas de recuerdos.

En O Cebreiro ya puede empezar a familiarizarse el visitante con la rica gastronomía lucense. La carne de vacuno y los embutidos del cerdo son especialmente recomendables.

El Camino Francés sale de O Cebreiro en dirección a Liñares. Pasado el Alto de San Roque en el que hay una estatua de bronce dedicada al peregrino, aparece el Hospital da Condesa, así llamado por haber acogido un albergue para caminantes. Más adelante encontramos Padornelo, donde estuvieron asentados los caballeros de San Juan de Malta.

Un nuevo tramo de ascenso conduce al peregrino al Alto do Poio, desde el que se divisa un espléndido paisaje de montaña. El resto del camino discurre cuesta abajo hasta llegar a la población de Triacastela.
El nombre de Triacastela procede, según la teoría más aceptada, de los tres castillos que existían en esa zona en la Edad Media, de los cuales no queda ningún vestigio. La villa se desarrolló posteriormente a partir de la explotación de canteras de caliza. La Triacastela  actual está rotundamente marcada por el fenómeno xacobeo. Basta con ver los numerosos albergues y mesones donde el peregrino puede renovar fuerzas.

Pasear por las calles de la localidad entre sus casas de piedra es todo un placer. Triacastela atesora además interesantes huellas de la Historia. Se conservan vestigios de un hospital y una cárcel para peregrinos. La iglesia parroquial, bajo la advocación de Santiago, es de origen románico, pero se reconstruyó en el siglo XVIII según los cánones del barroco. El templo tiene además unos llamativos retablos de estilo plateresco.

En lo que respecta a la comida, merece la pena degustar el cocido gallego, que en su expresión más sencilla está compuesto de lacón con grelos, chorizos y cachelos (patatas cocidas).

A la salida de Triacastela comienza uno de los recorridos más hermosos del Camino Francés. Podemos encaminarnos directamente hacia Sarria o bien tomar una ruta alternativa que nos llevará a la misma localidad, pero pasando por Samos. La primera opción es la ruta tradicional. Permite disfrutar de paisajes campestres maravillosos donde los bosques de castaños y robles alternan con los pastizales. La ruta atraviesa núcleos rurales como A Furela, Pintín, y Calvor –este último asentado sobre un antiguo castro celta- para penetrar en Sarria por el barrio de vigo. El segundo caso, el de Samos, nos permite conocer esta población llena de encanto, desarrollada en torno al monasterio de San Julián y Santa Basilisa. El conjunto arquitectónico actual (siglos XVI y XVII) es uno de los monumentos más impresionantes del Camino de Santiago en España. Del edificio antiguo, fundado en el siglo VI, ya no queda nada.

El monasterio alberga una comunidad de afables monjes benedictinos que proporcionan alojamiento al peregrino y muestran la abadía en visitas guiadas. Es destacable la iglesia de fachada barroca y con un impresionante órgano, así como los claustros. En las cercanías se encuentra la Capilla del Ciprés, un edificio mozárabe del siglo X.

Samos cuenta también con una amplia oferta hostelera. Por estas tierras es recomendable probar el churrasco, carne de ternera o de cerdo preparada a la parrilla que a menudo se acompaña con chorizos. En la zona se produce también una espléndida miel de montaña.

Entre ríos, prados, pequeños bosques y aldeas discurre e camino de Samos a Sarria. El viajero atraviesa núcleos como Foxos, Teiguin y Perros, enlazando en Aguiada con la ruta tradicional.  Sarria es, después de Santiago, la población más importante del Camino Francés en Galicia. En esta villa falleció Alfonso IX en plena peregrinación a Compostela. En el casco antiguo pueden verse los vestigios del castillo medieval, el monasterio de la Magdalena (habitado por monjes mercedarios) y las iglesias de San Salvador y Santa Marina. Justo detrás de esta última se encuentra el albergue de peregrinos municipal. En Sarria hay además una abundante oferta de albergues privados, tanto en la parte antigua de la villa, como en ruta, estratégicamente situados en los últimos kilómetros antes del pueblo. Es merecida la fama de los embutidos locales. También pueden degustar un buen cocido en temporada (otoño-invierno) y empanada y pulpo en cualquier época del año.

El Camino abandona Sarria por el barrio de San Lázaro, conocido por acoger la mayor concentración de anticuarios de Galicia. Un lugar ideal para bucear entre viejos muebles, objetos decorativos, enseres domésticos y aperos de trabajo. A pocos kilómetros de la villa se encuentra el núcleo de Barbadelo, que cuenta con una bella iglesia románica. A partir de ahí, las pequeñas aldeas se suceden.

Poco antes del lugar de Morgade aparece el mojón que nos indica que sólo faltan 100 kilómetros para llegar a Santiago de Compostela. Morgade tiene una capilla dedicada a Santa María en la que los peregrinos suelen depositar mensajes escritos. El siguiente pueblo es Ferreiros donde podemos admirar una interesante iglesia con pórtico románico.

La llegada a Portomarín está precedida por la aparición del río Miño, que en ese tramo forma parte del embalse de Belesar. Bajo esas aguas yace el antiguo pueblo. El nuevo, construido en 1960, se extiende sinuosamente en el montículo cercano. Hay excelentes miradores para contemplar el Miño, y también un club náutico para los aficionados al remo y la vela. Entre todos los tesoros de Portomarín destaca la iglesia-fortaleza de San Juan y San Nicolás, construida por los caballeros de San Juan de Jerusalem en el siglo XII. El templo se trasladó piedra a piedra antes de que inundaran el pueblo antiguo para la construcción del embalse. Otro monumento especialmente pintoresco es la capilla de la Virgen de las Nieves, que se asienta sobre un arco del viejo puente medieval.

En los mesones de Portomarín pueden degustarse sabrosas anguilas y truchas, además de las omnipresentes carnes. Pero la villa es especialmente famosa por sus tartas y por el aguardiente. Esta bebida tiene tanta importancia que cada Domingo de Pascua se celebra el día del Aguardiente. Los artesanos sacan sus alquitaras a la calle y destilan el preciado líquido ante el público.

En la etapa Portomarín-Palas de Rei, el viajero deja la provincia de Lugo y entra en tierras de Coruña. Se trata de un trayecto caracterizado por continuas subidas y bajadas, donde se pone a prueba la resistencia de los que peregrinan a pie. El Camino sale de Palas de Rei por el denominado Campo dos Romeiros, un lugar donde grandes grupos de peregrinos solían juntarse para afrontar la última parte de la ruta. A pocos kilómetros de la villa encontramos San Xulian do Camiño, con una preciosa iglesia románica del siglo XII.

La última aldea de Lugo atravesada por el Camino Francés es Casanova. La primera de la provincia de La Coruña, Leboreiro. Su iglesia, consagrada a Santa María, es ejemplo de románico de transición.

En la dinámica localidad de Melide, al pie de la Sierra de O Careón, el Camino Francés se une con el Camino Norte procedente de Ribadeo. Los peregrinos procedentes de la costa de Lugo entraban en Melide por el antiguo monasterio-hospital de Sancti Spiritus, que en la actualidad acoge el Museo Etnográfico. Tanto esta villa como la cercana Arzúa son las mayores aglomeraciones urbanas que el peregrino encontrará antes de llegar –y ya está muy cerca- a Santiago de Compostela.

El tramo Arzúa-Santiago de Compostela sólo son 38 kilómetros que separan al peregrino del sepulcro del Apóstol Santiago. Primero son 24 kilómetros hasta Lavacolla, el aeropuerto de Santiago. El trayecto tiene pronunciadas cuestas, especialmente duro para los que viajan a pie o en bicicleta. Entre Lavacolla y el destino final median otros 14 kilómetros. Resulta emocionante la llegada al Monte do Gozo, desde cuya altura se divisan, por fin, las torres de la Catedral de Santiago de Compostela.

2 comentarios:

Localiza Recursos Sociales en el Municipio de Oviedo dijo...

Hola: Estupendo blog!!!
Ya han sido muchas las veces que he recorrido el CAMINO.
Ya soy seguidora de tu blog
Buen Camino

Guillermo Torre dijo...

Gracias, Si tienes alguna idea algo que publicar ya sabes donde puedes.

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