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domingo, 8 de septiembre de 2013

Taín vuelve al Camino para olvidar la tragedia del Alvia

El juez recorre la ruta jacobea tras un año difícil marcado por la recuperación del Códice y el accidente de Angrois

En el prefacio de su novela, La leyenda del santo oculto, el juez José Antonio Vázquez Taín cuenta cómo en 1999 recorrió por primera vez el Camino de Santiago «en parte como un agradecimiento al Apóstol por aprobar las oposiciones a judicaturas». Fue precisamente en aquel primer viaje cuando le vino a la mente la historia hoy materializada en un libro y que tomó su forma definitiva cuando cayó en sus manos el caso del robo del Códice Calixtino, una joya bibliográfica que es una especie de guía turística medieval de la ruta jacobea.

Taín ha vuelto esta semana al Camino. No como premio por nada, sino por pura necesidad. «Ha sido un año terrible, muy difícil», explica. Primero por la tensión que rodeó la recuperación del Códice, después por los nervios y el sobreesfuerzo que le supuso la publicación de su primer libro y finalmente por el horror vivido en las vías del tren tras el accidente de Angrois, ya que tuvo que colaborar en la identificación de los cadáveres que se cobró la tragedia.

«Necesitaba descomprimirme un poco, soltar tanta tensión y olvidarme de algunas cosas», admite el magistrado. Así que agarró la mochila y se echó una vez más al Camino desde O Cebreiro. Junto a él, su esposa, Bea, y algunos amigos que se le han ido sumando para acompañarlo en algunas etapas.

Está siendo una ruta de mucha reflexión interior. De ideas y proyectos en voz alta y también de rememorar momentos duros para dejarlos salir. Taín camina como vive, rápido y sin dejar de pensar. «Tenemos algo único y, aunque hemos mejorado muchísimo, hay que lograr la excelencia a través de estándares de calidad en todas las poblaciones que atraviesa el Camino», sostiene el juez, que se rebela con cada feísmo y se lamenta cuando ve un camarero incapaz de entenderse en inglés con unos extranjeros.

Esta es la cuarta vez que peregrina a Compostela, así que se conoce la ruta al dedillo, al punto de ser capaz de anunciar paisajes increíbles, advertir de repechos exigentes y hacer recomendaciones para que las piernas de sus acompañantes no flaqueen. A cada paso son continuas las referencias al Códice Calixtino. Al llegar a Palas de Rei (Lugo), Taín recuerda que ya el famoso libro citaba el municipio como parada obligatoria en la ruta, al igual que hoy en día. Esa noche, el alcalde del municipio, Pablo Taboada, le cuenta que más de mil peregrinos duermen en el concello, más de un cuarto de su población total, que no llega a 4.000 habitantes. Toda una prueba de cómo el Camino está transformando el interior de Galicia.

Tras salir de Palas la ruta pone rumbo a Melide y Arzúa. Es una de las etapas más bellas del periplo gallego del Camino, ya que transcurre alejada de las carreteras entre carballos y castaños. Son 30 kilómetros de caminata en los que la conversación con sus acompañantes se va tornando más y más íntima hasta tocar lo que más ha golpeado al juez este año: la tragedia de Angrois. Narra imágenes terribles y momentos durísimos en la identificación de los cadáveres o al informar a los familiares de las víctimas mortales. Se le agolpan los recuerdos y no puede evitar emocionarse.

«¿Es lo más terrible que has visto en tu vida?», le pregunta uno de sus acompañantes sorprendido por ver llorar a un juez que se supone ha visto de todo. «Lo más terrible no -contesta-. Aquello fue horroroso, tristísimo, pero un accidente. Es peor cuando ves de frente la maldad humana», sentencia.

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