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domingo, 28 de octubre de 2012

Una ruta lejos de los muros

Once internos de la cárcel de Nanclares completan cual peregrinos seis etapas del Camino de Santiago

«Estamos cansados, la verdad. Seis días caminando diez kilómetros por jornada no son nada fáciles para alguien que no está muy acostumbrado a andar». Al habla Isaac, un preso de origen guineano habitual del gimnasio de la cárcel de Nanclares de Oca que ayer por la mañana contaba a EL CORREO la «gran» experiencia que ha vivido durante la última semana. «Me he sentido libre», suspiraba.
 
De la mano de la Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de la capital alavesa, este joven ha realizado algunas etapas del Camino de Santiago junto a otros diez internos, el capellán del centro y cinco voluntarios. El hombre, que admitía que al tercer día estaba tan derrotado que «quería incluso volver a la cárcel», de la que saldrá en ocho meses, sonreía tímido: «aunque cualquier cosa es mejor que vivir rodeado de muros». La comitiva arrancó su viaje espiritual el 22 de octubre y ayer completó la última etapa, que partió de Santo Domingo de la Calzada. Así que, después de comer, tocó volver a las celdas. 
 
Contentos, en cualquier caso, con que «hemos tenido buen tiempo porque la lluvia y el frío han respetado bastante», los once presos charlaban ayer de forma distendida bajo la catedral de Santo Domingo. Y se vacilaban sin tregua. Como un equipo en el que reina el buen rollo. «Isaac y Antonio van como gacelas», comentaba Pedro, con la rodilla maltrecha. Y «Vladimir parece un sherpa, aunque sea de Siberia», le 'pinchaban' al ruso de la 'troupe', tras varios comentarios futboleros.
 
Los efervescentes caminantes, armados con sus mochilas y sus botas, no paraban de contar anécdotas y reírse de ellos mismos. El multicultural grupo, además, era variadísimo en cuanto a la procedencia de sus miembros: españoles, africanos y hasta un dominicano. «Hemos conseguido lo que no ha logrado ni la ONU», afirma Eladio, un dicharachero y vacilón cubano de la Habana, «que tantas nacionalidades distintas hayamos llegado al mismo sitio juntas. Aunque haya sido tarde y nos hayamos perdido por el camino en varias ocasiones», proclamaba entre carcajadas. 
 
Once años
 
Junto a él, el dominicano Franklin rememoraba la gente con la que se han cruzado por las pistas durante los últimos días. «Había unas asiáticas, coreanas creo, que todavía nos tienen impresionados», recordaba. Y venga todos a hacer chistes. «Llevaban hasta GPS, pero nosotros ya lo veis... con la ayuda del cura... les hemos ganado», fardaba el cubano. «Sáqueme una foto», le pedía después al fotógrafo, «que la última vez que salí en una llevaba unos numeritos y un código de barras 'alao'», se mofaba haciendo referencia a su identificación carcelaria.
 
Es el undécimo año que se organiza esta experiencia, para la que se pide una condición para participar. La explica el capellán, Txarly Martínez de Bujanda: «tener cumplida una cuarta parte de la condena y haber mostrado un buen comportamiento en prisión».

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