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domingo, 15 de enero de 2012

Historia de amistad entre los cabos de Creus y Fisterra

Detrás de cada peregrino hay una historia que contar. Un montón de vivencias que enriquecen el espíritu de los que hacen el Camino de Santiago, cada cual a su forma y a su modo. La historia de Francisco Pla Simó es, sin duda, de las que merece ser contada. Una historia que empezó a tomar forma el 18 de junio del año pasado en Cap de Creus (Girona) cuando decidió calzarse las botas, poner «cuatro trapos en la mochila» y darle a las piernas para completar los casi 1.300 kilómetros que le separaban de Compostela.

«Quería conocer el camino de Santiago, el paisaje y la gente, sobre todo esto último. Buscaba hacer el Camino pero no como una maratón, sino con calma, disfrutándolo», apunta Fran, como le gusta que le llamen. Este barcelonés escogió Creus, en Girona, por ser el punto más oriental de España, el sitio más alejado de Fisterra a donde también tenía previsto llegar. «En línea recta es de las mayores distancias que se pueden recorrer. 1.050 kilómetros me han dicho, aunque la distancia no importa, lo que importa es lo que vives cuando la recorres», precisa el filósofo caminante que hizo el trayecto acompañado de Luna y Blis, sus dos perros.

«Disfruté muchísimo. Conocí lugares preciosos y gente fantástica. Me doy por satisfecho. He conseguido mucho más de lo que esperaba cuando salí hace casi siete meses. Esperemos que la vuelta sea tan provechosa como lo ha sido el llegar hasta aquí», comentaba Fran mientras tomaba un café sentado al pie del cruceiro de Santa Mariña, en Mazaricos.

Porque ayer Fran volvió a tierras mazaricanas, de vuelta de Fisterra. Y volvió a parar en el campo do Cruceiro, en la aldea de Santa Mariña, tal y como lo hiciera en el trayecto de ida. «Paramos aquí para merendar porque cuando pasé por primera vez los vecinos me trataron muy bien y quería saludarlos otra vez y despedirme de ellos porque me vuelvo a Barcelona».
Buenos deseos

Y allí volvían a estar para compartir merienda con Fran y desearle buen viaje, Pilar a do Estanqueiro, Benigno, Pepe de Rial o Manolo de Rosa, que escuchaban embelesados sus viajeras reflexiones.

El catalán regresa a su tierra, también andando. Otros mil y pico de kilómetros que, esta vez, realizará en compañía de Rafa Mascaró, otro peregrino con el que se encontró en Fisterra. «Coincidimos allí, nos contamos nuestras historias, nos caímos bien y decidimos compartir camino de regreso a casa», señala Fran Plá que reconoce que salió de casa sin dinero, sin móvil y, lo que es más importante, sin prisa.

«Al final te das cuenta de que podemos vivir con mucho menos de lo que tenemos y que la vida es mucho más sencilla de cómo nos la planteamos diariamente» comenta, pausadamente, mientras escribe en una libreta la dirección postal a la que este cronista se comprometió mandarle la página del periódico en el que salga publicada su historia.

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