Días para el próximo año Santo

jueves, 26 de mayo de 2011

Brilat: de Tui a la Quintana en solo 31 horas

Batiendo todos los récords del Concurso de Patrullas que todos los años organiza la Brilat en el Camino Portugués. Así llegaron ayer los componentes de la primera patrulla que pisó las piedras de la plaza de A Quintana, tras recorrer en solo 31 horas los 200 kilómetros que separan Tui de Santiago.

La marca fue tan sorprendente que sus superiores ya los han bautizado como la patrulla olímpica de zapadores, puesto que pertenecen a este cuerpo de la Brilat. De hecho, superaron en dos horas el tiempo realizado por el equipo que llegó en primer lugar el año pasado, y aventajaron en cuatro horas a la siguiente patrulla que llegó a la plaza de A Quintana.


"Han hecho un tiempo sorprendente. Una buena marca para un equipo preparado sería unas 35 horas y ellos lo han hecho en 31", comentaban los compañeros que los esperaban en A Quintana.

El sargento Díaz Pardo, el cabo Cores y los soldados Bouzón, Brito, Mantilla y Brito son los miembros de esta patrulla, entre los cuales hay tres, Cores, Bouzón y Brito, que ya saben los que es llegar en primer lugar a Compostela.

El sargento Díaz Pardo, al frente de la patrulla olímpica, explicó a EL CORREO GALLEGO, que la clave para haber hecho un tiempo tan bueno fue "empezar el recorrido despacio, poco a poco, hasta que fuimos calentando los músculos, y después ya empezamos a coger nuestro ritmo".

A pesar de todo, reconocía que la prueba había sido dura. "Ha sido bastante duro, porque son muchas horas y conlleva mucho sufrimiento. Nos tocó salir novenos y poco a poco fuimos pasando a las patrullas que iban por delante de nosotros. Salimos de Tui el martes a las 07.25 horas".

MUCHO CANSANCIO. Lo más complicado para ellos ha sido hacer frente al cansancio y al sueño, ya que optaron por no parar para dormir. "Lo más duro ha sido andar, porque el cansancio se va notando en los pies y piernas. No dormir también afecta y el calor bastante elevado también nos afectó".
Otro truco del sargento Díaz es hablar para no pensar en el cansancio. "En ningún momento pensamos en abandonar. Mis patrulleros y yo tenemos la costumbre de ir siempre hablando para distraernos".

Hasta hoy a primera hora de la mañana no sabrán si ellos son los ganadores del concurso, ya que a lo largo del recorrido hay diferentes pruebas que otorgan puntos y hacen media con el tiempo.

De hecho, el cabo Cores, que el año pasado llegó el primero, quería sacarse la espinita, ya que al final su patrulla no fue la vencedora. "La prueba ha sido dura y las plantas de los pies nos escuecen un montón, pero hoy era la revancha".

Los cuatro soldados integrantes de la patrulla también coincidieron en señalar la dureza de la prueba.

En el Concurso de Patrullas de este año de la Brilat participaron 17 equipos, tres de ellos mixtos, es decir, integrados por hombres y mujeres. Los concursantes recorrieron un tramo del Camino de Santiago Portugués, desde Tui hasta Compostela.

martes, 24 de mayo de 2011

De Roncesvalles a Compostela entre pañales

Tenían tiempo, ganas y, como buenos vascos, fruto de su afición al monte, las tablas suficientes para afrontar los 740 kilómetros que separan Roncesvalles de Santiago de Compostela. Pero, a diferencia de la mayoría de peregrinos que se deciden a pasar cerca de un mes de su vida caminando con la casa a cuestas, Félix Bustillo y Olga González, de 37 y 34 años respectivamente, decidieron emprender el Camino Francés con un equipaje extra: Emma y Telmo, sus dos hijos de 2o y 4 meses, respectivamente. ''No los podíamos dejar solos, así que los tuvimos que traer'', bromea Félix, natural de LLodio (Álava), desde la Praza do Obradoiro.

Tras 24 días han llegado a la meta y, como si fuera consciente de su hazaña, el más emblemático de los escenarios compostelanos, recibe a los cuatro peregrinos con especial algarabía. Sentados en el suelo de piedra, transformado para ellos en un cómodo y mullido sofá, Félix y Olga disfrutan del ambiente de la plaza y de la grandiosidad de la Catedral. Aunque cubierta con un cielo blanquecino, les parece hoy más majestuosa que nunca. A su lado, Telmo, acostado en la silla biplaza que durante el viaje ha compartido con su hermana, asiste sin enterarse, pero complacido, al final de una aventura de la que a lo largo de su vida tendrá que oír De Roncesvalles a Compostela entre muchas historias. Emma, por su parte, tampoco es consciente de que se han acabado los días sin juguetes y guardería y corretea por la plaza plácidamente instalada en ese constante ir hacia adelante que en el último mes se ha convertido en su rutina.

Cerca de ellos, resiste en perfectas condiciones -tras una pequeña reparación durante el trayecto- el artilugio en el que transportan todas sus pertenencias: ''Es un carro de bici al que le soldé unos tubos de hierro para poder tirar de él. Revisé muchísimas webs pero no había nada. Al final, tomé como modelo los que usan en el Polo Norte. Por el camino he visto adaptaciones populares pero ninguno igual'', explica Félix.

Ahora apenas le prestan atención. ''Nadie lo va a coger. Quién va a querer ir tirando de eso'', señala entre risas. ''Además, no hay gran cosa: tres mudas de ropa cómoda y ligera para cada uno, salvo para Telmo que tiene alguna más; una moto de juguete y un biberón para Emma -el benjamín toma pecho- , 'Apiretal' y poco más. Los pañales y el resto de las cosas que necesitábamos las íbamos comprando por el camino'', cuenta Olga, nacida en Donosti pero hija y nieta de meañeses por vía materna.

Con ese equipaje, tras recabar información sobre el itinerario a seguir en la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Bilbao, emprendían el viaje con una única premisa: ''Si los niños se ponen mal, nos damos la vuelta''.

Pero los niños no solo aguantaron sin quejarse cada una de las etapas, sino que incluso se pusieron más fuertes. ''No hemos tenido que usar para nada el 'Apiretal'. A Emma, que tenía muchos mocos, hasta se le han quitado. Además, le ha venido muy bien para aprender a tratar con la gente'', destaca la madre de la pequeña.

Tanto es así que la primogénita se convirtió, según sus padres, en la ''relaciones públicas de la familia''. ''Todos se paraban con ella. En varios sitios la invitaron a comer y en León le regalaron un caballito de juguete'', relata Olga. Con ese obsequio, un pequeño muñeco de Micky que le acompañó desde la partida y la moto, Emma vio satisfechas parte de sus necesidades de ocio. Del resto se encargaron sus padres. ''Cuando veíamos un parque, sabíamos que era una parada obligatoria'', señala Félix. En ese sentido, Telmo no generó problemas. ''Lo suyo, de momento, es comer y dormir'', precisa su madre.



Y si los niños no se quejaron, sus padres, como jefes de la expedición, no podían ser menos. ''Hemos visto a la gente con los pies muy mal, pero nosotros no hemos tenido ni ampollas ni nada'', precisa Olga. Solo a su paso por Palencia tuvieron un ''punto bajo''. ''Se rompió una soldadura del carro, hubo que hacer ocho kilómetros renqueando, empezó a llover, Olga tuvo una pequeña tendinitis...'', relata Félix sin darle importancia.

La rutina

La planificación ha sido, en su opinión, la clave de su éxito. ''Teníamos una rutina muy marcada. Normalmente nos levantábamos a las cinco de la madrugada, empezábamos la ruta a las seis, hacia las diez parábamos una hora, caminábamos otras dos, parábamos al mediodía y alrededor de las cuatro de la tarde terminábamos la etapa. Aproximadamente hacíamos 30 kilómetros diarios'', explica Félix. ''Hay que ponerse una disciplina y si un día haces 20 kilómetros, al otro 40'', recalca.

Paradójicamente, la rutina fue también su principal enemiga. ''Durante 24 días tu vida consiste en caminar, parar y volver a caminar'', indica Félix. Y, al contrario de lo que pudiera parecer, la presencia de los niños hace que la situación sea aún más envolvente. ''Ellos requieren tu atención constantemente, sobre todo Emma. No hemos tenido ni un rato de tregua. Ni un solo minuto para leer el periódico con tranquilidad. Cuando llegábamos al albergue mientras uno se duchaba, el otro se quedaba con los niños y la mitad de los días nos quedábamos fritos mientras los dormíamos'', cuenta Félix.

Por eso las nuevas amistades hechas durante el Camino o las visitas que han salido a su encuentro eran recibidas como una jarra de agua en el desierto. ''En Melide nos visitaron unos amigos que tienen una niña y ese rato fue una maravilla. Nos ayudó a romper la monotonía'', resalta Félix.

Aparte de la rutina, solo alguna que otra mala experiencia en los albergues enturbió su peregrinaje. ''Hemos visto la parte mala del Camino. En algunos sitios quisieron cobrarnos de más y te das cuenta de que también es un negocio'', lamenta Olga. ''Pero hay otras cosas que lo compensan -interviene Félix-. Además, la mayoría de las personas se portaron de maravilla. Sin duda, la gente que te vas encontrando, tanto los profesionales como los peregrinos, es lo mejor del Camino. Era increíble ver cómo se emocionaban con los niños''.

Sobre la belleza del itinerario, los dos coinciden: ''La parte gallega es, con diferencia, la más bonita'', aunque ''también la de mayor dificultad'', matiza Olga. ''Tuvimos que atravesar riachuelos con unos pedruscos...'', añade.

A medida que se aproximaban a Compostela, aumentaba ''el subidón'', pero también las ganas de regresar a casa. ''Son 24 días diciendo 'voy a Santiago, voy a Santiago' y cuando por fin te acercas sientes un alivio increíble'', asegura Félix. ''Sobre todo porque la vuelta está más cerca. Después de tantos días ya tienes muchas ganas de volver y recuperar la normalidad. A Emma también le hace falta porque se ha acostumbrado a otras cosas y echa en falta estar con niños'', confiesa Olga.

Para el último día se reservaron una etapa corta. A las 6 de la mañana partieron desde Pedrouzo, a 20 kilómetros de Santiago, y a las 10 pisaban, por fin, el Obradoiro. Además de un temprano bronceado, en su equipaje llevan ahora una colección de imágenes y recuerdos. Ha sido ''una experiencia dura, pero muy bonita'' que, aunque por otros parajes, sin duda, repetirán. ''Estamos unidos a los niños irremediablemente'', concluyen.

Las claves para hacer el Camino de Santiago si eres diabético

La Fundación para la Diabetes aconseja llevar insulina suficiente, reforzar los controles de glucosa y aumentar la hidratación, entre otra...