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lunes, 26 de diciembre de 2011

Una concha de vieira que lleva dos siglos guiando a los peregrinos

Cuenta una leyenda que hubo una virgen que salió de Éfeso para peregrinar a pie a la tumba del apóstol Santiago y, al pasar por Pontevedra, se paró a descansar. No se sabe si basándose en esta historia o en otras tradiciones de la época, en el año 1753 surgió en la ciudad una congregación dedicada al culto a la Virgen del Camino. Con el tiempo, se convertiría en la Congregación de Nuestra Señora del Refugio, la Divina Peregrina, e impulsaría la construcción de un tempo. Sería el origen del santuario de A Peregrina, una iglesia con la planta en forma de concha de vieira que lleva dos siglos y medio vinculando a Pontevedra con la historia de las peregrinaciones.

El santuario acaba de recibir la máxima protección de Galicia, su designación como Bien de Interés Cultural (BIC). Pontevedra lo celebró este viernes con un acto conmemorativo a las puertas del templo, pero, sobre todo, echando una vista atrás, a los orígenes del mismo y su vinculación con la historia de la ciudad. Recordando que la concesión se le ha dado por ser un templo "ligado al Camino de Santiago" y que supone "uno de los pocos ejemplos de iglesias con planta central".

El santuario de la Virgen Peregrina se sitúa en una encrucijada de caminos, al pie de la Puerta de Trabancas, punto por el que el Camino Portugués de Santiago cruzaba la muralla medieval y entraba en la ciudad. Es también un lugar en el que confluyen los intereses de la comunidad religiosa, los amigos de las peregrinaciones y el camino, y los aficionados a la arquitectura. Un icono que, en la actualidad, es el mayor lugar de encuentro y referencia de la ciudad.

La historia de esta construcción está inexorablemente ligada a la de la propia ciudad, la evolución del Camino de Santiago y la Cofradía de la Peregrina. Las crónicas del siglo XVIII cuentan que en 1753 fueron unos niños del barrio de Nuestra Señora del Camino quienes auspiciaron una congregación dedicada al culto a la Virgen del Camino. La devoción a la imagen creció y aumentaron las donaciones y el patrimonio, pero también las tensiones con quienes veneraban a dos vírgenes en una misma imagen.

Ése fue el punto de inflexión para la construcción de un lugar para el culto a la nueva Virgen. En 1757 se construyó un altar específico en la capilla de la Virgen del Camino, pero las desavenencias siguieron con dos imágenes, derivando en que en 1776 la imagen y el retablo se retiraron del tempo originario y se trasladaron a una capilla de madera ubicada en el solar que ocupa el santuario actual.

Cesiones y donaciones de cofrades

El terreno fue cedido por uno de los socios de la cofradía y en 1778 la madera del templo empezó a sustituirse por piedra gracias a otra donación de un integrante de la congregación, en cuya propiedad acababa de abrirse una cantera. En junio de ese año se colocó la primera piedra de un santuario que siguió los planos del sargento de milicias Antonio de Souto, y que está catalogado como una mezcla de barroco gallego tardío y de las formas neoclásicas imperantes en el final del siglo XVIII.

La Cofradía de A Peregrina destaca que "las costosas obras del Santuario fueron sufragadas con las rentas propias y la venta de estampas y medallas y, de forma especial, gracias a las cuantiosas donaciones y limosnas que fueron aportadas por los devotos".

Un templo singular

La singularidad que más llama la atención en un primer acercamiento al santuario de A Peregrina es su planta. Junto con el vestíbulo rectangular, el presbiterio y la fachada, configuran una tipología de concha de vieira, símbolo por antonomasia del peregrinaje a Santiago. La cabecera y las dos sacristías salientes laterales dejan otra forma característica del Camino de Santiago, la cruz.

Ambos elementos datan ya de la fecha en la que se abrió el templo por primera vez, en 1792, año en el que también se colocaron las campanas, la puerta y las vidrieras, pero en el que la Virgen tenía un santuario sin atrio. Dos años más tarde, la construcción sería consagrada, pero la buena suerte le duraría poco. En 1795 una tormenta le causó graves daños y derribó parte de la torre norte.

Hasta 80 años después, en 1873, no se reconstruyó la torre. Eso sí, los deberes se hicieron bien y se instalaron dos pararrayos. En esa misma década el santuario vivió un momento que cambiaría su imagen para siempre. Las obras de remodelación urbana de Pontevedra sustituyeron en 1880 el atrio inicial por la escalinata que preside el templo en la actualidad. La inversión se hizo para honrar a la que entonces ya era patrona de la provincia y del Camino.

Un acopio de elementos decorativos

El santuario actual ha ido incluyendo nuevos elementos decorativos a medida que se involucraba en la historia de la ciudad y se ligaba a su reordenación. En 1896, por ejemplo, se colocaron en su torre el reloj y las campanas del Hospital de San Juan de Dios que acababa de ser demolido.

Ya en el siglo XX, su atrio vivió una nueva remodelación con un proyecto de Francisco Pons Sorolla que sustituyó la escalinata frontal por un cierre con balaustrada de piedra, interrumpida por una fuente terminada por un arco sobre el que descansa una representación de Teucro, el héroe griego que, según una leyenda del Renacimiento, fundó la ciudad.

La siguiente remodelación llegó hace ahora 30 años, cuando los arquitectos César Portela y Xosé Bar emprendieron su primera restauración íntegra. El objetivo de la misma fue reparar daños estructurales producidos por un desplazamiento de los cimientos.

Viculación marinera

En 2008 llegaría la segunda restauración, pero igualmente se trató de una mejora integral de vidrieras, muros, pintura o el reloj de la torre, sin alterar los elementos históricos que la hacen singular, algunos de ellos ligados al mundo del mar.

Uno de ellos es la ostra de gran tamaño situada en la entrada de la capilla como pila de agua bendita, donada por el marino Casto Méndez Núñez tras encontrarla en uno de sus viajes por el Pacífico. Otro, la imagen que preside el altar, con su bordón, calabaza y concha típicos de toda peregrina.

Este año el santuario recibió un importante respaldo con su nombramiento como BIC -desde 1982 es monumento histórico-artístico- y la protección que lleva asociada. Un blindaje que incluye las calles de acceso al templo, las plazas y los edificios cuya modificación pueda incidir directamente su relación con el entorno o en la vista del monumento.

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