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martes, 5 de julio de 2011

Tradición, cultura y vitalidad en Santiago de Compostela

Para algunos es el final de un largo camino, para otros es el punto de inicio de una nueva experiencia, pero con seguridad, Santiago de Compostela no dejará indiferente a nadie. Ciudad de acogida, milenaria y cautivadora, tierra de meigas y tradiciones, desprende vitalidad y orgullo de saberse poseedora de uno de los patrimonios religiosos más importantes de la Europa Occidental. Y es que Santiago es, junto con Jerusalén y Roma, una de las tres Ciudades Santas del Cristianismo.

Las calles de su casco antiguo son una auténtica joya. No en vano, desde 1985, esta parte de la ciudad está considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, un reconocimiento que también ha recibido el Camino de Santiago, la ruta que siguen desde distintos puntos los peregrinos que veneran las reliquias del apóstol Santiago el Mayor.

El centro de la ciudad bulle de cultura, arte y vida. Peregrinos, estudiantes y turistas conviven en un ir y venir permanente que invita a detenerse y disfrutar de los placeres que ofrece Santiago. La plaza del Obradoiro, punto en el que se levanta la catedral, es el auténtico epicentro, el punto donde muere la "Calle Mayor de Europa" –nombre con el que se ha denominado al Camino-. En ella se hallan los principales atractivos turísticos: la catedral, una auténtica maravilla del románico español, que este año cumple su 800 aniversario; el Palacio arzobispal de Xelmírez, que data del siglo XII, y es un fantástico ejemplo del románico civil; el Hostal de los Reyes Católicos u Hospital Real –hoy convertido en parador nacional- que data de 1511; el Colegio de San Xerome, en la actualidad rectorado de la universidad, pero construido en el siglo XVI para acoger a estudiantes de Artes sin recursos, y el Palacio de Raxoi, construido, durante la segunda mitad del siglo XVIII, que alberga el ayuntamiento y la Xunta de Galicia.

La catedral

Hablar de la auténtica "perla" de Santiago, la catedral, merecería un apartado especial del que no disponemos, pero, no por ello dejaremos pasar la ocasión de mencionar algunos detalles. La construcción del edificio que conocemos hoy -con anterioridad habían existido en su lugar otros templos-, se inició en el año 1075, sobre el antiguo sepulcro que conserva todavía los restos del apóstol. Su diseño fue pensado para aglutinar un gran número de peregrinos y los distintos arquitectos de la época –los mejores maestros del románico- que participaron en la creación construyeron una obra sin igual, que permitía admitir a grandes multitudes que deambulaban por los laterales mientras tenían lugar las funciones litúrgicas de la nave central. De esta época destaca por encima de todo el espectacular Pórtico de la Gloria, la fachada románica sobre la plaza de Platerías- la única de este estilo que se conserva-, y la Torre del Reloj, que alberga la campana mayor de la catedral. Desde su consagración en 1211, el templo ha experimentado cambios sucesivos, con la incorporación de elementos góticos, renacentistas y, sobre todo, barrocos. A esta última época –la barroca- corresponden los detalles más característicos visibles en la actualidad: la magnífica fachada del Obradoiro, llamada así, según los expertos, por la permanente presencia de los artesanos trabajando en ella.

Además de la catedral y sus alrededores, Santiago cuenta con muchísimos otros atractivos. No podemos dejar de visitar en la plaza de Platerías, la fuente de los Caballos, una de las más antiguas del casco antiguo, la Casa del Cabildo o la Casa de los Canónigos, el Monasterio de San Pelayo de Antealtares y la Casa de la Parra en la plaza de la Quintana.

Parques

Para aquellos que busquen algo más que edificaciones históricas o para aquellos que deseen relajarse tras una jornada de visitas por el centro de la ciudad, nada más recomendable que acercarse al Parque de Bonaval, en el barrio de San Pedro. El recinto, desconocido para la mayoría de turistas, permite disfrutar de momentos de auténtica tranquilidad y de unas vistas espectaculares sobre la ciudad. Junto al parque, se levantan la iglesia y el convento de San Domingo de Bonaval, que alberga desde hace años el Museo do Pobo Galego, con su sorprendente escalera triple de caracol. Otro parque de la ciudad que cuenta con excelentes vistas de la catedral -algunos lo consideran el auténtico mirador de Santiago- es el de la Alameda, a medio camino entre la ciudad vieja y la nueva.

Gastronomía de primera

Santiago es una ciudad llena de vida, en buena parte gracias a su universidad, fundada hace más de cinco siglos. Durante el curso, sus más de 30.000 estudiantes llenan calles, bares y locales, creando un ambiente festivo que encuentra en la gastronomía gallega un aliado ideal. El casco antiguo esconde centenares de establecimientos donde comer, beber y divertirse, algo que el turista descubrirá en su ir y venir a pie por la parte vieja.

Si nos gusta comer, en Santiago podemos "ponernos las botas". El pulpo -por supuesto a feira- las vieiras y todo tipo de moluscos, crustáceos y pescados son los grandes protagonistas de una gastronomía exquisita, en la que no faltan platos elaborados con carnes y verduras. Destacan el lacón con grelos, el cocido gallego o el chorizo con cachelos, especialmente indicados para la época invernal y la finísima empanada gallega, que permite todo tipo de rellenos –desde carne a mariscos o verduras-. No podemos olvidar la repostería con las filloas (conocidas también como morcillas dulces), como uno de los postres más típicos, y sobre todo, la tarta de Santiago que, en su receta original no se emplea harina pero sí mucha almendra, en concreto una tercera parte. Una mención especial merecen los quesos, sobre todo frescos, con el queso de tetilla, cuyo nombre salta a la vista, el de O Cebreiro o el de San Simón da Costa, entre otros.

No podemos irnos de Santiago de Compostela dejando pasar la oportunidad de degustar los excelentes vinos gallegos, reconocidos más allá de sus fronteras: el Albariño, un vino blanco y joven de calidad producido bajo la denominación de origen de Rías Baixas, que casa muy bien con pescados, el Ribeiro –blanco o tinto- que suele beberse en taza, y el Valdeorras. Para los que quieran se atrevan con licores de más alta graduación, pueden disfrutar con el aroma y sabor del aguardiente de orujo, reconocido por la propia Unión Europea.

¿Dónde comer o tomar algo?

Las calles más conocidas de la capital gallega para comer o tomar unas tapas o unos vinos son la rúa do Raíña y la rúa do Franco, dos vías peatonales cercanas a la catedral, repletas de tascas y restaurantes donde saborear tapas y especialidades tradicionales. Establecimientos míticos como O Gato Negro, famoso por sus calamares, el Orella, por su pulpo o el Mesón O'42, frecuentado tanto por lugareños de toda la vida, como por turistas, ideal para comer, tomar una cerveza o un vino de su extensa oferta, son totalmente recomendables. Muy cerca de aquí, en la rúa del Villar, el bar Negreria O Pataca, muy frecuentado por compostelanos, ofrece unas deliciosas patatas gallegas asadas.

La misma zona es la más recomendable para tomar algo. Uno de los locales más emblemáticos de la noche compostelana es el Modus Vivendi, en la plaza de Feijóo un pub añejo que ocupa parte de unas antiguas caballerizas, repleto de estudiantes dispuestos a escuchar música rock y música negra de los años 60 y 70. También puedes acercarte al Pepa a loba, otro local clásico de la ciudad vieja, situado en la rúa Castro.

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