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martes, 28 de junio de 2011

Trascendencia y legado cultural del ‘Camino de Santiago’

A través del contexto de la ‘Carta’ el rey Alfonso III intentó probar, ante la población francesa de Tours y ante su clero, que tenía con fervoroso orgullo el que su iglesia conservase en ella el sepulcro de San Martín, el gran difusor del evangelio entre el pueblo suevo. Exponía los diversos testimonios así como ‘cartas’ de los obispos acerca de la veracidad de los escritos conservados que reflejaban el traslado del Apóstol Santiago hasta el Arca Marmórica en la Catedral de Santiago de Compostela. Certe credatis quod rectum et iustum tenemus, les comunicaba el rey.

 “Durante los siglos IX, X y XI, en todos los privilegios reales se denomina el lugar del descubrimiento bajo el nombre de Arca Marmórica”, señala Hipólito de Sa, profesor e historiador gallego, perteneciente a las Academias de la Historia y Gallega, en su monografía Influencias del Camino de Santiago en la Cultura y el Arte de Galicia, Año Santo Compostelano/1982, Vigo, de idéntico año. Por vez primera leemos el nombre Compostella en un ‘privilegio’ de Fernando I del 10 de marzo de 1063, el cual empleó aquel nombre, ya frecuente, al expresar: Cuius corpus requiescit Gallecia in urbe Compostella.

‘Privilegios’, donaciones y derechos concedieron, desde Alfonso II el Casto, a la iglesia de Santiago: los anteriores a las referencias otorgadas por Diego Peláez y el abad Fagildo, La ‘Compostelana’ y el Codex Calixtinus, además del ‘Chronicón Iriense’ y la ‘Crónica’ de Santa María de Iria, escrita en lengua gallega hacia el año 1467 por Ruy Vázquez. He aquí, pues, las repercusiones, legados y trascendencia del Camino de las Peregrinaciones.

En cuanto a la evolución etnográfica, es insoslayable recordar cómo la ciudad de Santiago de Compostela –levantada en torno al sepulcro apostólico, descubierto y propagado durante el siglo IX– ejerció su supremacía religiosa y política en toda la región gallega. Nuevos pueblos irían naciendo en las rutas entre Galicia y el resto de España, merced a los ‘caminos’ que llegaban desde Francia. Y otros –por el denominado ‘camino portugués’– desde el Norte de Portugal así como por aquellos que desembarcaban en los puertos del litoral correspondiente a las llamadas ‘Rías Bajas’. Ello fue el resurgir del ‘caminante’, que animó a construir y reparar puentes, abrir nuevos caminos y mantener en fiel estado las antiguas ‘vias’ que utilizaran en la región gallega los romanos. Evoquemos pueblos nacidos de una capilla o una iglesia, de una hospedería o un hospitalillo para atender a quienes peregrinaban a Compostela. Poblaciones surgidas al calor del sepulcro descubierto en Compostela: Cebreiro y Triacastela y Sarria, Portomarín y Palas de Rey, Melide y Arzúa, en la trayectoria del ‘camino francés’; y Tui, Baiona, Vigo, Pontevedra, Caldas y Padrón e Iria, en el ‘camino portugués’. Sin olvidar tampoco los ‘caminos interiores’ que convergían en Betanzos, para proseguir por Cesures y Ordes hasta Santiago, similares a los ‘caminos castellanos’ que entraban por el Padornelo para seguir por la Gudiña hasta Verín, en donde se unían los ‘caminos portugueses’ que dibujaban la ruta partiendo de Chaves. Sería conveniente rememorar Xinzo de Limia, Allariz y Ourense, Cea, Dozón y Lalín, Silleda y Puente Ulla, Pico Sacro y Santiago.

Si ahora consideramos la evolución artística, son muchas y variadas las escuelas arquitectónicas desde el Prerrománico y los siglos medievales hasta el Barroco europeo. E igualmente significativas, la escultura y la pintura en el Arte y la Historia.

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